De junio del 83 – Aquellos maravillosos años

Hola amiguitos….

No se si serán las migrañas o el cielo gris, pero hoy me invaden los recuerdos de mi niñez y me apetece viajar hacia ellos.

Dicen que los recuerdos pueden salvarte la vida, no sé si eso es cierto o no, lo que si tengo claro que de vez en cuando viene bien cerrar los ojos y viajar al pasado.

Tengo que decir que he sido una niña muy muy feliz y lo fui durante muchos años ininterrumpidamente.  Los que me conocéis sabéis que esa felicidad se rompió en mil pedazos con la enfermedad de mi padre, pero aun así, de esos dos años de lucha guardo bonitos recuerdos, será porque  le tenía en mi vida y tuvo la generosidad de jamás hacernos sufrir, todo lo contrario, nos hizo reír prácticamente hasta el final. ¡Qué suerte la nuestra de tener un padre tan generoso! Eso le hizo más grande y nadie le quitará el título.

Cuando pienso en mi infancia nada tiene que ver con los juegos de ahora ni mucho menos.. bien es cierto que la inseguridad que sentimos los padres a la hora de dar libertad a nuestros hijos va en consonancia de lo mucho que ha cambiado la sociedad. Siempre y por desgracia se han cometido crueldades con gente inocente, niños, adolescentes, hombres, mujeres… víctimas de mentes enfermas.

Hoy en día nos cuesta dar el paso para dejarles bajar la basura, ir a comprar el pan, incluso acudir al colegio solos o ir al parque a dar una vuelta. En cambio recuerdo perfectamente de pequeñita como era yo la que se llevaba a mi hermano Borja al colegio porque papá y  mamá trabajaban. Salir del cole al medio día y esperar la lista de la compra para ir al súper a por los productos que necesitaba mi madre.

A las actividades como baile, pintura.. acudía sola y con 13 años recuerdo coger el bus desde Los Santos para bajar a ver a mis abuelos a Alcalá de Henares.  Con 14 cogía el bus para ir al instituto y con mi mochila cargada y mis piernas de alambre recorría una distancia considerable hasta llegar al instituto… no sé.. veo que todo ha cambiado tanto que me pregunto si nos pasamos con la sobreprotección y por eso la juventud de ahora es tan diferente.

Si mi padre estuviera vivo y le preguntaseis por mí os diría “ a Noelia la hicimos con ordenador”… y mi madre con la boca muy grande dice que jamás les di un disgusto y me recuerda siempre que puede la alegría que sentía al verme cuando llegaba del colegio y tras la puerta la esperaba mi imborrable sonrisa… Es tan bonito que te digan eso que no puedo evitar emocionarme.

Recuerdo mi etapa en la guardería, de ahí son estas bonitas fotos, esa preciosa carroza… recuerdo mi etapa en parvulitos…  y todos los juegos en la calle, las maquinitas las usaban muy pocos y las bicis, las gomas, las cuerdas, las piedras, los muñecos, los patines, formaban parte de nuestros ratos libres.

¿Recordáis…?

Las canicas

La comba

El escondite

Pañuelo

Adivina, adivinanza

Burro

Mata pollos

Pulso

La gallinita ciega

El rescate

La Rayula

El hinque

Peonza

Cromos

Cambiar hojas coleccionables

Además nos íbamos con los patines a recorrer el pueblo, jugábamos al frontón, nos íbamos con las bicicletas a recorrer el campo, cogíamos caracoles e incluso gusanos de seda y todo esto tras comernos el bocata con los amigos en la calle.. o incluso en los veranos jugábamos a muchas de estas cosas después de la cena.

Además yo he jugado durante horas en casa a médicos, casitas, tiendas, me encantaba ayudar en casa, cosa que ahora no es tan común. A mis padres les ayudé mucho en el negocio y a mi padre le ayudaba en sus otros hobbies, dar de comer a nuestros animales, plantar árboles e incluso ir a recoger almendras, no sé si recolectaba o comía más, pero si preguntan a mis hermanos mayores  fijo dicen que pasaba más tiempo con la piedra comiéndomelas todas que llenando los cestos ¡¡Qué bien me sentaban en pleno campo!!

Esa fue mi infancia, dónde las consolas entraron muy tarde en casa… como la famosa NASA …  y teníamos cuatro canales de televisión. Debo apuntar que jamás fui fan de la tele, prefería el silencio mientras jugaba o pintaba, porque sí, me gustaba pintar y que llegase el fin de semana y mi  padre me comprase mis láminas de carboncillo… y mientras escribo esto también recuerdo que incluso mis hermanos y yo tuvimos un grupo de música con mis primos Chechu y Fernando, imitando a nuestros padres que ellos sí que pertenecieron al mundo de la música tocando muy alto y volviendo locas a todas las jóvenes de su época.

En fin, que me emociona ver que todo ha cambiado mucho, ahora que soy madre y se perfectamente que o me voy a vivir al campo o mis hijas no vivirán lo mismo que yo, por mucho que yo me empeñe en imitar juegos de antes, jamás será igual porque la sociedad ha cambiado de roles, de valores y porque nos guste o no, nos sentimos completamente inseguros y sobreprotegemos a nuestros hijos privándoles de libertad.

Y con estas palabras me despido hasta el próximo post, con un finde largo por delante con mil cosas por hacer y del que espero contaros muy pronto en el blog.

Besos mil y feliz día.

N

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